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| La televisión trans |
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| Sábado, 16 de Junio de 2012 13:05 | |||
Por M. Laura FloresEntre mayo y junio de este año se sancionó y promulgó la ley de identidad de género, que permite a personas trans obtener una nueva partida de nacimiento y un nuevo DNI con el nombre que eligieron. Entre Cris Miró y Flor de la V, un pequeño abismo y un camino cercanamente allanado.
Cris Miró eligió llamarse así, sin embargo, casi todos los medios de comunicación eligieron tratarla como “el”. Lo había dicho a principios de la década del 90, en uno de los primeros reportajes que dio: no era solo una cuestión de nombre sino de sentimientos.
Cris Miró construyó, durante treinta años y a lo largo de su metro ochenta y cinco, su identidad de mujer, y con eso abrió un camino mediático para las chicas trans. No fue Flor de la V la que inauguró el travestismo en el teatro, ni la que legitimó la presencia trans en los programas de televisión.
Cris Miró hizo titubear a cuanto periodista la entrevistara y/o escribiera sobre ella. Una batalla silenciosa entre lenguaje y realidad comenzaba a librarse como una guerra fatal e irrevocable. Lo masculino y lo femenino se debatía al interior de quien escribiera, porque el lenguaje, se sabe, arroja sobre la mesa las cartas de la identidad.
Mucha gente cree, porque la memoria a veces es desatenta, que Flor de la V fue transgresora, que fue una desobediente de lo impuesto, una infractora construyendo la novedad de la transexualidad televisiva. Y quizás sí, pero antes hubo otra que soportó el repudio de espectadores en la puerta del teatro donde trabajaba; hubo otra que debió soportar el acoso de los guardianes de la moral durante las giras por las provincias. Y hubo otras, anónimas, que soportaron los golpes, las violaciones, las torturas; y también hubieron otras que no resistieron y fueron asesinadas, las que no aguantaron y se suicidaron.
Florencia de la V reemplazó a Cris Miró en el teatro Tabarís, en la obra “Más pinas que las gallutas”, en 1998; a partir de allí no paró de trabajar y de subir, uno a uno, los escalones de la popularidad. Años más tarde dirá Florencia “a Cris las travestis la veíamos como transformista que se disfraza de mujer. Y nunca terminó de definir la mujer que quería ser". ¿Acaso hay que definir qué clase de mujer queremos ser, o alcanza simplemente con querer serlo?, pero Florencia de la V siempre continuó desarrollando un sentido de mujer tan anticuado como estereotipado y correctamente patriarcal.
Y entonces, luego de que Cris Miró abriera el camino con un estilo sobrio y gran capacidad intelectual a los oídos de quien la escuchara, apareció Flor de la V, como queriéndole gritar a un país entero que las travestis podían llegar a ser lo que quisieran, solo había que soñar, y no dejar de soñar. Pero Florencia tuvo un lugar privilegiado, como también lo tuvo Cris Miró, con una diferencia de algunos largos años, en donde las coyunturas del país eran completamente diferentes en materia de derechos humanos.
Las travestis y transexuales podían soñar, y sueñan, pero mientras tanto, eran (son) castigadas física y moralmente por una sociedad que se parece más a una comedia trágica que a una sensata película. La señora se pone de pie y aplaude a Florencia en el teatro, pero después se queja por televisión diciendo que “esos hombres son enfermos”. Las chicas le dicen a Flor que “está divina” y después pasan por los bosques de Palermo y cuchichean por “los travas que se cagan de frío”. El jovencito con camisa ‘Lacost’ piropea a Florencia a la salida del teatro y después le abre la puerta del auto a otra travesti y la viola una y otra vez hasta que ella puede zafarse. El señor se sienta al mediodía a mirar “La Pelu”, conducido por Florencia de la V, pero luego hace una denuncia cuando las chicas de Flores se pasean por su vereda. El periodista que habla de Florencia en femenino, no duda en hablar de “el” cuando se refiere a las trans que “se prostituyen en la vía pública”. Entonces, el mismo público que ovaciona a Flor de la V en el teatro o televisión y que ríe con sus humoradas, es el mismo que denuncia, discrimina y criminaliza al resto de las chicas trans; mientras unas les parecen revulsivas, la otra es la jocosa princesa que “supo ser mujer”.
Cuando en 2008 Florencia de la V se “casó” con Pablo Goycoechea, muchos y muchas militantes de distintas organizaciones peleaban por la igualdad jurídica de gays, lesbianas y trans. Ni Florencia, ni Pablo, ni Jorge Ibáñez (quien le hizo el vestido) ni nadie, se encargó de aclarar que ese matrimonio no era tal, y mucho menos, aclarar que las personas trans aun no tenían el derecho de llevar en su DNI el nombre que habían elegido. Dos años después, a fines de 2010, Florencia obtuvo su DNI con el nombre de Florencia Trinidad gracias al trabajo de la FALGBT (Federación Argentina de Lesbianas, Gays, Bisexuales y Trans) y ATTTA (Asociación Argentina de Travestis, Transexuales y Transgéneros). Pasarían dos años más hasta que todas las personas trans tuvieran su legitimo derecho a la identidad, por la ley sancionada en mayo de este 2012.
Flor de la V llegó a donde quería llegar, pasó, y cerró la puerta.
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Por M. Laura Flores




















