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Santiago Maldonado y Alberto Nisman: la verdad ya no importa Imprimir
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Jueves, 07 de Septiembre de 2017 21:04
Por Facundo Pastor
 
La Argentina pendular está paralizada. No porque ese movimiento social incesante, que algunos llaman polarización, se haya detenido en el tiempo sino porque la instalación de un país dominado por las dualidades nos impide avanzar con la lógica que requiere pensar el futuro.
 
El caso Maldonado ingresó en ese laberinto sin salida que llegó para quedarse como sucedió en la causa Nisman y en otras tantas investigaciones penales que aún aguardan esclarecimiento.
 
En agosto de 2015, en plena efervescencia electoral, escribí estas líneas como epílogo de mi trabajo de investigación compilado en un libro sobre la misteriosa muerte del fiscal federal:
 
"El caso confrontó a la sociedad argentina con un funcionamiento opaco e incluso oscuro hasta lo indescifrable del poder político y de las instituciones y órganos del estado argentino creadas para velar por la seguridad y la paz en la democracia, devenidas con el tiempo en fuente interminable de sospechas, conspiraciones y delitos. La investigación judicial quedó detenida y neutralizada por esa polarización que construyó un laberinto sin salida. La verdad de los hechos y la materialidad de los acontecimientos en una investigación criminal van mucho más allá de las típicas especulaciones electoralistas".
 
Sin embargo, el paso del tiempo le vuelve a dar actualidad a esas ideas que hoy se mimetizan con total normalidad en el caso Maldonado. El país está dividido y ya no importa la verdad objetiva, mucho menos lo que diga la justicia. Cada uno querrá escuchar, ver y leer lo que ya tiene como su propia verdad construida. Ese camino pantanoso supone y reduce la desaparición de Santiago a un juego perverso de opuestos. Y ahí comienza -una vez más- esa dinámica que garantiza la impunidad.
 
Aquellos que se inclinan por sostener que lo mató la Gendarmería en medio del operativo de desalojo del 1 de agosto suponen que esa hipótesis está construida únicamente para lacerar la imagen del gobierno de Mauricio Macri.
 
Como contraposición a ese murmullo social surgen miradas que desacreditan esa línea de investigación de la desaparición forzada suponiendo que en la acción surge la heroica defensa de la "república", y así del proyecto de Cambiemos. Inclusive muchos se atreven a viralizar humoradas maliciosas por redes sociales.
 
En gran medida, los emisores digitales coinciden con los que durante el fin de semana se atrevieron a compartir la imagen de un joven muerto por un herida de arma blanca junto a un audio que confirmaba que el cadáver era de Maldonado. Lo más jóvenes llaman a esas imágenes intervenidas "memes" pero no creo que respondan a un inocente juego virtual. Más bien contribuyen a ese país dividido que no logra reponerse a las heridas del pasado.
 
El caso Maldonado, como el caso Nisman, requieren de una justicia a la altura de la circunstancias que logre derribar con certezas incontrastables y pruebas sólidas esa lógica de la Argentina bipolar. Quizás, sea mucho pedir o quizás, la verdad no le convenga a nadie.
  Santiago Maldonado y Alberto Nisman: la verdad ya no importa
 

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