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En los zapatos de Messi Imprimir
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Domingo, 10 de Junio de 2018 11:00
Por Leandro Contento
 
Soy Gastón Greco, un simple emprendedor chaqueño que un día desarmó un zapato, vio cómo estaba hecho y se lanzó a fabricar. En 2015 le mandé un par a Macri y a los pocos meses se los vi puestos en un diario. Ahora diseñé el calzado de la Selección en Rusia. Todo al pulmón y con mucha pasión.
 
Mi historia podría ser la de cualquier pibe que viene del Interior a estudiar y a hacer un mango en Buenos Aires, pero con un final de novela, soñado. Me llamo Gastón Greco y nací hace 29 años en Chaco, aunque me vine a vivir a Capital para cursar la carrera de Arquitectura. En la facultad me iba bien, pero a mis días le faltaban un poco de adrenalina, y de dinero. Y un día me decidí a emprender. Con un cuchillo desarmé un zapato que me quedaba cómodo, me fijé de qué estaba hecho y pensé: “No puede ser tan complicado hacer esto”. No tenía contactos, capital ni experiencia, pero sí mucho huevo. Mi vieja me prestó 5.000 pesos que cuidé como un lingote de oro y me lancé. Después de muchos intentos fallidos, una fábrica me abrió sus puertas y casi que me mudé ahí adentro. Para mí era un parque de diversiones, aunque nada fue fácil. Los muchachos de la fábrica me decían “Muestrita”, porque nunca terminaba de sacar mi producto al mercado. Vendía dos pares (a amigos, claro) y hacía cuatro; o vendía cuatro y hacía seis. Y así. nunca, jamás, dejé de soñar con que el mundo hablara de mi marca. Y lo logré.
 
Greco junto a Willy Caballero y Franco, un empleado de la zapatería.
 
La venta por Internet y el boca en boca me ayudó mucho a hacerme de una cartera de clientes. Todo lo hacía yo: entraba los locales y ofrecía el producto. O me subía a un bondi y me iba con la caja de zapatos hasta la casa del comprador. Y fui creciendo: alquilé un depósito/oficina en Martínez, después una casa vieja en una cortada en Palermo y después un localcito en la misma zona. Me iba bien, tenía un producto de alta calidad, pero me faltaba publicidad. Fito Páez había vestido mis zapatos durante una gira, pero precisaba dar un golpe de efecto. Un pasito más. Tenía que ir por todo.
 
 
 
El chaqueño de 29 años, en su local de Recoleta.
 
En una nota en la tele escuché decir a Macri que tenía un fetiche con los zapatos y que calzaba 43. Y se me prendió la lamparita. Le escribí una pequeña carta contándole quién era yo, qué hacía, y que creía que un candidato a presidente debía apoyar la industria nacional. “Abrazo de bostero a bostero”, cerré. Y a través de un conocido de la madre de una ex novia, se la hice llegar junto con unos zapatos talle 43. El tiempo pasaba y nunca se los veía puestos, hasta que mi vieja me avivó: en una nota con motivo de sus primeros 100 días en el Gobierno, Macri llevaba puestos mis zapatos. No lo podía creer. Subí la foto a las redes y al otro día me llamaron hasta de una radio de China. Le llevé otro par a Andy Kusnetzoff y el tipo me sacó al aire en el programa. Había conseguido instalar la marca. En ese instante recordé a Milo Lockett, un artista que me había dado una mano gigante.
 
 
 
"Las cosas hechas con pasión no las para nadie", reza una de las paredes de su comercio en la calle Quintana 213, en Capital. 
 
Pero eso no era todo. A la historia le faltaba un nuevo capítulo. “¿Quién no quisiera fabricarle los zapatos al mejor jugador del mundo?”, me pregunté. Y empecé a pensar de qué manera podía llegar a Messi. Otra vez mediante una larga cadena de gente conocida logré contactarme con Fernando Marín, y luego con más personas ligadas a Lionel y a todo el equipo. Me parecía piola la idea de que la Selección vistiera calzado hecho en la Argentina por manos argentinas. Y de a poquito fui superando filtros. Verónica Miele, la jefa de Marketing del seleccionado, también me dio una mano muy grande. Una tarde sonó mi celular y era un mail de ella con la lista de jugadores convocados y el talle de calzado de cada uno. Mi primera reacción fue largarme a llorar de la emoción. La segunda, poner manos a la obra sin dejar que pasara más tiempo. “Posco”, mi firma, ya estaba en Rusia.
 
 
 
Los zapatos que Gastón eligió para la Selección. Clásicos, con algunos detalles bien argentos.
 
La presión era grande. El desafío, aún mayor. Elegí un diseño simple, cómodo, formal e informal al mismo tiempo. Negros con plataforma blanca alta, un pequeño logo en la lengüeta, otro en la suela y una bandera argentina en la parte del talón. Hice 40 pares para los muchachos, el cuerpo técnico y los dirigentes a cargo de la delegación. Agarré mi Fiorino y me fui para el predio. Enganché a un par de jugadores, porque aún no habían llegado todos desde Europa. Volví al otro día y el entrenamiento se suspendió por lluvia. La tercera fue la vencida. Vi a Di María, a Mache y a varios más. Quería ver a Messi, pero me quedé unas cuantas horas y no apareció. Al lado mío estaba Daniel Osvaldo, que había pasado a saludar a los muchachos y siguió esperando un ratito más. Llegué a casa y vi que el Loco había publicado una foto con Messi. ¡Me quería morir! Ahora, la imagen con la que sueño es la de Leo bajando del avión con la Copa en la mano y mis zapatos en los pies. ¿Qué más se puede pedir?
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
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